Gia no le dio oportunidad a que se negara, comenzó a quitarse la ropa de manera rápida en frente de él. Para cuando llegó a la puerta del cuarto de baño, ya estaba como Dios la trajo al mundo. Se detuvo en medio del marco y se giró, poniendo las manos a cada lado.
—¿Te quedarás ahí? —cuestionó, ladeando la cabeza, y sonriéndole de manera sensual— ¿No piensas acompañarme?
Santino alzó la vista, al mismo tiempo que pasaba una de sus manos por la cabeza y se relamía los labios.
—En este preciso momento… —caminó hasta ella en dos zancadas, pasándose el polo por arriba de la cabeza, y tirándolo...