—¿Qué se puede hacer ahora? —preguntó Nicoletta algo angustiada.
—La verdad es que me cuesta aceptar que tenga que entrar en una disputa legal por mis recetas.
—Te entiendo, hijo —dijo Enzo—. Sé lo que te esforzaste para hacer ese menú.
—Además, sería un proceso complicado, y largo —Alonzo tenía un buen punto.
—Me cuesta creer como esa chica, que parecía ser tan centrada sea…
—¿Una loca despechada? —Gia no pudo evitar terminar por Nicoletta.
—¿Por qué dices eso, Gia? —Enzo estaba curioso.
—Gia… —la voz de su marido era de advertencia.
—¿Qué? —ella respondió mirándolo y encogiéndose de hombros—. ¿Estoy diciendo alguna mentira?
Todos quedaron en silencio, pues conocían...