No sé cuál es el detonante para que mi identidad salga a la luz en plena cita con un tipo que
es capaz de mojar mis bragas con tan solo ponerme los ojos encima.
La única iluminación es la chimenea chispeante, que imana su calor de una forma
agradable. Estoy a la luz del fuego. Una iluminación divina, pero cruelmente dolorosa
porque recordé quién soy.
Culpo al fuego, y no sé por qué.
—Soy una joven que fue criada por dos ancianos luego de ser abandonada en un
granero por mi madre biológica, la diosa Artemisa. Apenas mis abuelos fallecieron, una
mujer llamada Beatriz, hija de estos, me convenció con...