No sé qué ha hecho y por qué, solo creo que me ha salvado la vida.
¿Dije «creo»? ¡Él me ha salvado la vida! Estoy tan agradecida, tan sensible que mi
cuerpo reaccionó echándome a sus brazos y besándolo con devoción, con una necesidad
cegada por la gratitud, por la felicidad que me posee, por un calvario que evitó que yo
viviera a manos de un hombre que él conoce. Y que es… ¿su padre? ¿Oí bien? Dios mío.
Aún me estremezco por los espasmos del llanto, pero poco a poco me calmo. Puedo
respirar luego de estar varias horas sumergida en el mar, donde me ahogaba por una mujer...