Meterme en aquella cama enorme es una experiencia divina y algo a lo que no estoy acostumbrada a tener para mí. Sí, mi cama es grande, pero no puede igualarse a esta. Tiene un grueso edredón blanco y almohadas que son similares a las nubes.
Me meto en la ducha apenas Matt se marcha, ya que tengo un sudor seco que comienza a irritarme la piel. Me desnudo y me meto en el agua tibia; no tarda en llevarse todo mi esfuerzo por aquel baile. Un baile que me llevó a pensar en el señor Voelklein. Dios, aún recuerdo sus ojos mientras veía cada movimiento que hacía. Mis partes íntimas...