Tengo un nudo en el estómago, desconozco si es por los nervios o por las expectativas de
esta noche. Sí, es totalmente por eso. Lo confirmo, son las expectativas que nublan mi
mente.
Estaciona frente a un gran edificio.
Me surge la intriga por saber si se trata de algún hotel suyo.
—Hemos llegado —me informa en voz baja.
Su mirada se intensifica; la mitad en la oscuridad de la noche y la otra mitad iluminada
por las luces del tablero del coche y las luces de la calle. Se desabrocha el cinturón y yo lo
imito. Estoy nerviosa. Él me intriga muchísimo.
Apaga el coche, sale de él, no...