Me río a carcajadas con cada voltereta que Matt me da en el baile. Es un vals. La mayoría
de las parejas bailan su compás. Un, dos, tres. Un, dos, tres.
Matt es un tronco haciéndolo, pero puedo guiarlo a la perfección con mis manos
sujetadas a las suyas con los brazos algo extendidos. Dios, que hombre tan serio, apenas
se mueve.
—Matt, es la cuarta vez que me pisas —lo regaño entre risas.
—Soy un asco para estas cosas —masculla molesto consigo mismo y mira a su
alrededor—. Se me dan mejor otras cosas.
—¿Acaso un hombre poderoso no puede bailar un simple vals? Que injusta es la vida....