Otro sujeto apareció por el costado, y él, interpuso su cuerpo.
—¡Zane! –exclamé al ver su hombro perforado por una navaja. Se giró y le arrancó la cabeza de un solo movimiento. Aquello me sorprendió, el sujeto que estaba luchando contra mí, dejó la navaja y salió corriendo.
—¡Está protegida! –escuché que decía el sujeto.
Zane me observó, y miró por todos lados –estas bien, ahora vuelvo –exclamó y salió corriendo.
—Pero… —me quedé con las palabras en la boca. Unos minutos pasaron y Zane, regresó —¿N—no te duele…? –quise saber y negó.
—Ay que irse –demandó y comenzamos a correr a la salida.
—M—mi madre.
—Nos buscarán a nosotros...