Yryhna se transformó en sirena, para hablar con su hermana, pero aquello no había hecho más que empeorar las cosas. Esa noche, Mía se despertó unas mil veces. Dio un montón de vueltas en la cama, hasta que por fin se entregó al sueño. Fuera todavía estaba oscuro y, a juzgar por el silencio que había en la casa, todos los demás seguían durmiendo.
Albergaba un sentimiento dentro de su pecho del que no podía liberarse. Como si estuviera ocurriendo algo, o a punto de ocurrir. Le recordaba a lo que sentía antes de irse a dormir en Nochebuena, aunque mezclado con náuseas y algo de miedo.
Para calmarse, decidió...