Seila Estaba empezando a salir el sol, y el cielo no
tardaría en estar demasiado iluminado para que pudiera seguir viéndolas.
Cuando el cielo se volvió de un color rosado brillante, Mía decidió regresar a la
orilla. Daba la impresión de que Edgar se levantaba muy temprano, y podría
alertar a Antonieta si notaba que Mía se había ido. No quería tener problemas con
las sirenas por irse a nadar sin avisar a Antonieta.
Nadó lánguidamente de vuelta hacia la orilla, disfrutando del agua. Por mucho
que odiara todo lo que implicaba el hecho de ser una sirena, había algo
verdaderamente mágico y asombroso en poder nadar así.
Mía tenía...