Suspiro con mis ojos cerrados, inhalando el aire fresco de Santorini. No puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido, y aquí nos encontrábamos nosotros dos.
Yahír tenía sus brazos cruzados por detrás de su cabeza, unos lentes de sol y una gorra que lo hacían lucir caliente como el infierno. Sin contar el hecho de que podía deleitarme con su pecho ya bronceado de toda la semana. Muerdo mi labio inferior y abro mis ojos para encontrarlo justo en la posición que lo había mirado hace ya un rato.
—Luces muy sexy. — Admito, él gira levemente su cabeza hacia mi y sonríe.
Giro mi cuerpo hacia mi...