El sube sus labios hasta mi mandíbula, aprieta más mis senos y acaricia mi mejilla, lo único que yo logro hacer es soltar un leve gemido.
- Me vuelves loco.
Entonces succiona desde mi mandíbula a mi clavícula, siento como me recuesta poco a poco, y da pequeños besos húmedos por todo mi cuerpo.
Aún traía puesta mi ropa interior, pero cada vez me sentía más caliente, sentía mi entrepierna humedecerse cada vez más.
- ¡Papi!....— Suspiro y el succiona en mi vientre.
El comienza a deshacerse de mis bragas poco a poco
- No quiero verte llorar por una estupidez como la de hoy.— Susurra y mis bragas quedan pérdidas en la habitación.— No quiero que vuelvas a dejarte llevar por lo que diga la gente.— Entonces sus dedos de su mano izquierda colocan en mi entrada, mientras su mano derecha se dirige a mi sostén.— Tienes que entender que nosotros somos responsable de lo que nosotros hagamos, y a nadie le importa nuestros asuntos.
- Pero papi....
- ¡Isabella Beckett!.— Dice, y se que su paciencia se estaba agotando.
Tragué saliva, el se coloca encima de mi, y se introduce dentro mío sin avisarme, gemí y arqueo mi espalda. Pone su rostro en el hueco de mi cuello, y me comienza a besar cariñosamente.
- Prométeme que no te volverás nunca más a dejarte llevar por lo que las demás personas te digan, ni lo que escuches de las demás personas, sobre nosotros.— Dice y me mira a los ojos, esos ojos color miel penetrantes que podrían matar de solo verlo. Sonrío y lo beso, el sonríe entre el beso, y yo comienzo a reír.
- Lo prometo papi...— Reí y el vuelve a besarme.
- Hazlo oficial.— Dice y yo sonrío Entonces levanto mi dedo meñique y el me corresponde con su dedo meñique.— Ahora si voy a follarte hasta que pensemos que has quedado invalida.