Ashton miró la botella de whisky que tenía encima de la mesa.
Llevaba cinco años sin probarlo, pero estaba apunto de volver a hacerlo.
No se podía mentir y fingir que no sentía nada por Penelope . La agonía de perderla resultaba tan dolorosa como si ella hubiera fallecido. Por suerte, no había sido así. Al menos ella tenía la posibilidad de ser feliz.
Como Penelope se había marchado de su vida, las noches de insomnio habían regresado. Casi no había podido dormir desde que ella se fue.
Agarró el trozo de collar que tenía sobre la mesa de café y deslizó los dedos por la delicada cadena. Para él,...