–Solo esto.
Ashton se inclinó y bajó la cabeza ligeramente. Entonces, rozó suavemente los labios de Penélope con los suyos.
A ella se le olvidó respirar. Los labios de Ashton eran cálidos, firmes. Todo lo que recordaba y mucho de lo que había olvidado. Fue un beso muy breve, pero le hizo desear mucho más. Le hizo querer llorar sobre la frustrante necesidad que latía dentro de ella. El deseo y la necesidad se habían adueñado de ella de un modo que no había conocido hasta entonces. No había sabido que algo así pudiera existir hasta que Ashton lo dejó al descubierto.
Se tambaleó ligeramente cuando trató de apartarse de...