A la distancia escucho varias voces, algunos pequeños gemidos se me escapan, me siento algo adolorida, pero eso es normal, después de todo lo que me hizo el intruso. Trato de levantarme, pero no puedo, poco a poco voy recuperando la conciencia y cuando al fin reacciono, me doy cuenta de que estoy en una habitación blanca, una luz algo cegadora alumbra mi rostro, haciendo que sea imposible que pueda distinguir algo con perfección, incluso creo que la habitación no es blanca en realidad.
—Quédate quieta, va a doler un poco, pero es necesario.
Vuelvo a intentar levantarme, pero mis manos están atadas por debajo de una silla que usan...