Llego a mi casa y como siempre, veo a Vanessa tirada en el sillón mirando la tele con aburrimiento, no importa cuántas veces cambie las cerraduras, ella siempre consigue entrar a mi casa y como todos la conocen, no le hacen nada. Al escuchar mis pasos, me voltea a ver y me dedica una enorme sonrisa, se levanta de un salto de su lugar y corre hacia mí, tirándose a mis brazos como siempre.
— ¡Cariño, mira lo que quiero comprar! — Exclama con fuerza mientras saca su celular del bolsillo de su pantalón, escuchar sus largas uñas tocar la pantalla me pone los nervios de punta. — ¡Quiero comprar...