Me giro hacia Alexis, que se levanta del sillón donde estaba sentado y camina hacia mí, toma todos los vestidos y se los lleva, le sigo de cerca; me sorprende que los vaya a poner en su lugar, no parece de esos clientes que tienen la decencia de poner la ropa de donde la agarró. Me acerco a él para decirle de donde los he agarrado, pero él camina hacia la caja, en donde nos espera la encargada.
Una enorme sonrisa se dibuja en sus labios y se acomoda en su lugar, ella nos pregunta si es todo lo que se nos ofrece y él le dice que sí, que...