Aiden odiaba tener que hacer aquella llamada, pero su orgullo no era tan grande como la desesperación de que Rosse estaba en las manos de Amelia, había hablado con ella después de sacarla bajo fianza, nunca la había visto tan perturbada, tan desquiciada en u vida, pero aun así, había creído que un centro psiquiátrico de mediana seguridad sería suficiente para tenerla tranquila, no quería encerrarla como un animal. Pues bueno, claramente se había equivocado.
—Maldito hijo de puta.— Contestó Meliak nada más contestar. Aiden tragó en seco, siempre había sabido que Giovanni se iba a enterar tarde o temprano que había sido él quién había sacado a Amelia de...