Antonio
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Caminando a la oficina, me sentí un poco culpable al dejar a Sara en mi casa cuando era evidente que estaba muy cansada. Al pensar en ella, recordé su cabello negro despeinado que caía sobre su rostro y sus piernas abiertas en ambas direcciones. Así era como la había dejado esta mañana y no podía evitar pensar que era demasiado hermosa.
Después de la noche apasionada que tuvimos, me sentía de mejor humor. Mi adorable compañera me había dejado jugar con ella toda la noche y ya no sentía tanta ira por lo que Izan había hecho.
Si bien intentar secuestrar a la Luna de la manada era...