Sara
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A las seis de la tarde en punto el auto se estacionó en la entrada de mi casa. Este hombre era muy puntual y se la pasó sonriendo todo el camino. Por mi parte, no pude evitar sentirme un poco incómoda e irritada en el asiento del pasajero.
Lo peor era que no hablamos durante todo el trayecto y no podía dejar de pensar en qué cosas me depararía la noche.
Para ser sincera, me sentía atraída hacia mi compañero, pero no estaba enamorada de él, aunque la energía que recorría mi cuerpo al estar con él me volviera loca. Con cada pensamiento que tenía sobre él, mi...