Izan
Sus ojos me cautivaron de inmediato y me pregunté cuál era este hechizo. Ella comenzó a acercarse lentamente y los demás pasaron a segundo plano. Lo único en lo que podía concentrarme era en su persona y exquisito aroma de pino y cereza.
Su cabello rojo se movía de un lado a otro y sus curvas me hicieron perder la cordura. El vestido rosado que llevaba puesto la hacía lucir como una diosa y no podía apartar la mirada de sus labios.
—Hola, compañero —me sonrió suavemente mientras estiraba su mano—. Mi nombre es Margarita Torres de Escarlata Pérez, un gusto en conocerte.
Tomé su mano y sentí una corriente de electricidad recorrer mi cuerpo entero.
—Soy Izan Fernández de la manada Gonzáles Oscura.
Mi lobo se movió de un lado a otro, emocionado, por haber encontrado a nuestra compañera. Nos quedamos mirándonos en silencio por un momento. Objetivamente, Sara era más bonita, pero Margarita era fascinante para mí. Se relamió los labios mientras me sonreía y mi lobo me instó a que la reclamara.
«Mía», gritó en mi mente y tuve que contenerme para no decirlo.
—Tuya —susurró ella de regreso, dejándome impactado porque esas palabras sagradas en nuestra comunidad. Era lo que dos compañeros se decían para honrar lo que la Diosa de la Luna había unido—. ¿Por qué no nos vamos a un lugar más privado?
—Por supuesto —acepté porque no sabía cómo rechazarla. Mi lobo se puso muy feliz y me rogó que la marcara pero me resistí.
Caminamos sin apuro hasta que llegamos a la playa en donde había un grande roble con musgo alrededor capaz de escondernos de terceros. Antes de que pudiera decirle algo, se me acercó y me besó con delicadeza. No pude contenerme y le seguí el juego perdido en lo maravilloso que se sentía su tacto. Nuestros corazones latían despavoridos pero mantuve mis manos en su cintura aunque deseaba tocarla por todos lados.
—Me hace tan feliz que finalmente haya podido conocer a mi compañero —me comentó con una sonrisa al separarnos. Me agarró de la mano.
—¿Cuántos años tienes?
—Cumplí veintidós en enero —me respondió—, todavía soy virgen. Quería que mi compañero fuera el primero, soy toda tuya.
Mi lobo comenzó a saltar de júbilo en mi cabeza al escuchar esto. Seríamos los primeros y únicos que la tocarían, ella era nuestra y nada más importaba. Nunca hubiera esperado que el vínculo entre compañeros fuera tan grande, la verdad es que no tenía el corazón para rechazarla.
Tampoco sabía si podía resistírmele porque mi cuerpo había reaccionado a sus besos.
—Dame tu número de celular para que podamos mantenernos en contacto, me tengo que ir mañana —le pedí mientras la abrazaba, no quería separarme de ella nunca.
—¿Por qué nos estamos despidiendo tan pronto? —se quejó ella mientras me tocaba con su mano derecha—. Sabes que no te quieres ir.
Sus dedos se desplazaron por encima de mi pantalón y solté un gruñido ante las sensaciones.
—Tu cuerpo me dice que también lo quieres —susurró mientras me abría la cremallera y metía su mano en mis boxers para acariciarme. Cerré los ojos para disfrutarlo con miedo a que tuviera mi orgasmo en segundos. Reaccioné a tiempo y le levanté el vestido para meter mi mano entre su tanga. El olor de su excitación llenó mi nariz y deslicé mis dedos dentro de ella.
Ella soltó un gemido así que la besé para emborracharme de sus gritos. Sentía que mi cuerpo lo necesitaba, profundicé el beso y nuestras lenguas danzaron. Ella levantó su pierna para quedar más expuesta y empujé la tela a un costado para poder penetrarla con más facilidad. Escondió el rostro en mi cuello mientras su respiración se volvía entrecortada.
Mi mente trataba de advertirme que parara, pero mi cuerpo había dejado de oírla y pensé que quizás un encuentro con ella no sería tan malo. Mi lobo me gritaba sin parar que la reclamara y que la tomara en ese momento.
Comencé a mover mis dedos con más rapidez, deseando que fuera mi miembro y pudiera venirme dentro de ella, pero sabía que esto era lo mejor, así que continué hasta que ambos terminamos.
—Izan —gimió.
—Di mi nombre de nuevo —gruñí sin aliento a lo que ella me mordió el labio con violencia. Me estremecí y sentí que de nuevo tenía ganas de hacerla mía.
La besé con pasión al mismo tiempo que le rompía la tanga de encaje para poder tener total control sobre su cuerpo. Saqué mis dedos y ella lloró por la pérdida, pero tenía que probarla.
—Sabes delicioso —le susurré antes de volver a penetrarla con fiereza y ella también tomó mi miembro en su mano.
—¡Izan! —gimió.
—Eso es, bebé, quiero verte correrte.
Ella siguió gimiendo entre estocadas y sentí que mi miembro iba a explotar de la presión. Sabía que estábamos cerca por la tensión de nuestros cuerpos, así que comencé a moverme mucho más rápido.
—Vamos, vente, vente en mis dedos, preciosa —gemí y su cuerpo reaccionó ante mi comando haciéndola temblar de pies a cabeza. Puso los ojos en blanco y se demoró en regresar de su orgasmo.
—Bebé, eso fue increíble —dijo con emoción mientras se echaba sobre mi pecho y me sentí contrariado porque este parecía el lugar al que siempre debía haber pertenecido.
Sin embargo, finalmente, me acordé de Sara y me llenó el remordimiento y me sentí disgustado por lo que había hecho. Había roto la promesa que había hecho de nunca herirla. Mi lado humano y lobo estaban en guerra porque no podían decidirse entre las dos chicas. ¿Cómo podía retroceder en el tiempo para no cometer esta atrocidad?