Narradora: Sara
(Lunes)
La suavidad del edredón de seda me arropaba la piel como el más cómodo de los guantes, pero despertarme sola en una habitación extraña se sentía... extraño, valga la redundancia. La estancia estaba oscura, pero mi visión lupina me ayudaba a ver incluso cuando apenas había luz. Unos ínfimos rayos solares se colaban por entre la grieta que separaba una cortina de la otra en la ventana, cosa que me ayudó a deducir que ya era por la mañana.
El olor masculino de mi pareja reinaba la habitación, lo cual me sumía en un iglú de calor, saciedad y seguridad. Me recosté en la almohada de seda...