Sara
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Tras llegar al sótano, no le dije mucho a Lucía. Solo quería asegurarme de que le dieran los treinta latigazos que Antonio había ordenado. Por desgracia, ella terminó desmayándose antes de que la cuenta llegara a diez y vi cómo los otros Omegas que estaban en el sótano le echaban agua en la cara para despertarla y así seguir con el castigo. Sin embargo, Lucía volvió a perder el conocimiento después de cuatro azotes más.
Para ser sincera, no creía que ella fuera capaz de sobrevivir a la paliza, pero cuando me miró con una mueca de odio, decidí no intervenir y solo me dediqué a advertirle a...