Narrador: Antonio
(Lunes)
Sergio y su mano derecha, Aurelio, no soltaron prenda ni después de tres días. Encajaron todas las palizas pertinentes, y sucumbieron casi fatalmente un par de veces por la plata. Ambos ostentaban el estatus de líder, así que era lógico que su resistencia fuera mayor que la de sus subordinados.
Raúl se divirtió, ya que disfrutaba infligiendo dolor a aquellos dos con la ayuda de atroces métodos. Todos sabían que no debían interferir en sus procedimientos, porque ese era su vía de escape para dejar salir su lado oscuro y reservar el brillante para el resto de la manada.
Yo me quedé en la casa del clan,...