— ¿Se divirtieron en el centro comercial? —nos preguntó Maximillian mientras conducía.
—Obviamente lo hicimos pero tuve que tener yo el teléfono de Rebecca porque iba volver loca a la tía Ozana y a Rosita llamándolas para comprobar que Markus estaba bien.
Maximillian se rió de esto y me envío una mirada coqueta que hizo calentar mis mejillas.
—Eres tan dulce, mariposa.
—Por favor, no comiencen a ponerse empalagosos.
No coman delante del pobre.
Yo reí al igual que Maximillian y seguimos charlando hasta llegar a la fiesta de la empresa.
Al entrar me sentí un poco intimidada al sentir que todas las miradas recaían en nosotros pero traté de...