Temblorosa me coloqué detrás de Maximilian tratando de ocultarme detrás de su cuerpo mientras que él abría la puerta.
Una chica entró mirando sorprendida a su jefe y a mí antes de bajar la mirada y entrar en un cubículo.
—Que vergüenza —susurré yo y Maximilian me sonrió con coquetería antes de que yo golpeara su brazo juguetonamente.
—Ya basta Max, salgamos de aquí.
Los dos comenzamos a caminar para volver a la fiesta pero en ese momento se acercó un hombre a Maximilian para hablarle.
—Señor, lo estábamos buscando.
Su abuela dice que es hora de dar el discurso.
Maximilian asintió.
—Ya voy Antonio.
El aludido asintió con la...