Chapter 6 - Caballero.

Chapter 6 - Caballero.

— ¿Estás bien? ¿Ya contaste el dinero? —me preguntó Christel cuando volvimos a mi habitación y yo negué con la cabeza aún distraída.

Ese hombre... ¿Quién era él?

Maximilian era su nombre.

¿Por qué me miraba de esa forma?

Su mirada es intensa pero algo extraña.

Como si buscara analizarme de alguna forma, buscando mis pecados.

No debería importarme pero... movió una fibra dentro de mí.

Hay algo que no puedo explicar.

— ¿Quiéres que hable con Răzvan para que te muestre el documento?

—Sí.

Pero por favor que no sea hoy, me siento exhausta por absurdo que suene —le dije sentándome sobre la cama mirándola.

Forzándome a dejar de pensar en ese extraño que ha robado mi paz.

—Muy bien, si eso quieres.

Es normal que te sientas cansada, es una mezcla de emociones.

Te entiendo, así me pasó a mí la primera vez que bailé aquí.

Yo abrí mis ojos y boca incrédula de que ella también lo hubiera hecho sin embargo ella se rió de mi divertida por mi expresión.

— ¿De verdad eras una păpuşi? —indagué con curiosidad y ella sonrió a penas antes de asentir.

—Lo era hasta que conocí a Răzvan.

Yo no podía creer lo que estaba diciéndome.

— ¿Tú te enamoraste de él aquí? —le pregunté una vez más sin poder creérmelo.

Eso era inconcebible.

Una locura.

Christel volvió a asentir para sentarse a mi lado.

—Tenía veinte años, vine aquí cuando mi madre enfermó.

No tenía a nadie más así que tenía que buscar dinero de todas partes. En la mañana trabajaba en un restaurante de comida rápida y por las noches venía aquí gracias a que una amiga me lo recomendó por dejar muchas buenas propinas.

No había conocido a Răzvan en el mes que llevaba aquí pero en cuanto lo hice no sabía que era el jefe, le respondí fuertemente, ni siquiera recuerdo ahora el porqué estábamos peleando —dijo ella divertida acordándose evidentemente de ese momento—. Luego mi amiga, la que me recomendó estaba blanca escuchando nuestra conversación hasta que el tipo salió del lugar y yo estaba muy furiosa. Mihaela horrorizada me contó que ese era mi jefe y yo palidecí también, pensé que terminaría siendo echada esa misma noche por lo que me esforcé poniéndome lo más atrevida y seductora que podía para ganar muchísimo dinero, mi mamá lo necesitaba. Pero no estaba preparada para lo que pasó a continuación.

Yo fruncí el ceño pero ella no se giró a verme para continuar.

—Un hombre estaba muy insistente conmigo, estaba sobrepasando los límites establecidos. Yo no estaba preocupada porque sé que cuando esto pasa los guardias están al pendientes de nosotras y nos salvan pero yo no me esperaba que este hombre, mi jefe me defendiera.

Luchó contra el tipo que terminó perdiendo y lo echó de el club.

Después puso sus ojos en mí y yo temí lo peor pero para mi sorpresa Răzvan me tomó de la muñeca llevándome a su oficina.

A partir de ese día intentó seducirme... hasta que lo logró —finalizó ella con las mejillas rojas.

Yo sentí curiosidad pero al mismo tiempo incertidumbre.

¿Cómo podía alguien como Christel tan dulce estar con un hombre como Răzvan?

Es que nada más de verlo tiemblo de miedo.

Es un hombre muy imponente.

Una nueva imagen me llega a la mente y no es precisamente la de mi nuevo jefe sino la de ese hombre tan arrebatadoramente peligroso —pero exageradamente guapo—.

Me molesté a mí misma por el pensamiento que estaba teniendo fastidiada y volví a posar mis ojos sobre los de Christel.

— ¿Por qué te enamoraste de él? —le pregunté antes de que pudiera siquiera meditar mi pregunta y me maldije por lo bajo.

Puede que Christel estuviera siendo buena conmigo pero al meterme con su esposo le daba razones para enfadarse conmigo.

Para mi sorpresa ella sonrió como si le divirtiera mi pregunta.

Sus ojos estaban brillantes.

— ¿Le preguntas al sol por qué sale todos los días? El amor no tiene explicación, Rebecca. Simplemente pasa... ni siquiera estás preparada para él pero así sucede, sin embargo cuando llega sabes que es lo mejor y que siempre has soñado con algo así aunque creyeras que nunca se haría realidad.

Yo amo a Răzvan aún con nuestras diferencias.

No es malo pero tampoco es bueno sólo que a veces la gente idealiza a las personas sólo por una experiencia que ha tenido sin molestarse en ahondar.

Yo ahondé con Răzvan.

Lo conozco.

Sé quién es, precisamente por eso me enamoré de él porque bajo esa fachada de hombre malo es el mejor hombre que yo he conocido en mi vida —afirmó levantándose de la cama—. Pero tú lo descubrirás cuando ames a alguien que te robe el aliento de la manera en que Răzvan lo hace conmigo.

Lo entenderás todo.

Buenas noche Rebecca.

Me dio una última sonrisa antes de caminar a la puerta de salida.

—Buenas noches Christel.

Ella asintió sin voltearse a verme una vez más y me recosté sobre la cama pensando en sus palabras.

Ella tiene razón.

Nunca he estado enamorada y tampoco conozco a Răzvan pero definitivamente los chicos peligrosos como él no me gustan nada.

Me ponen de nervios.

Es por eso que me mantenía alejada de ellos.

La tentación esta ahí afuera y en cualquier momento puedo caer.

Dios me salve.

Reprimo una risita por mi último pensamiento y me quito las prendas de mi cuerpo volviéndome a levantar de la cama.

Una buena ducha para dormir será lo mejor.

Dejo salir un suspiro me hago una treza en el cabello para después envolverla en forma de cebolla sobre la parte superior de mi cabeza y entro en el baño.

El agua choca contra mi piel cuando abro la tubería haciéndome saltar con lo terriblemente fría que está pero luego me adapto a la temperatura final.

Todo el jabón de rosas frotándolo sobre cada parte de mi cuerpo.

Bailar frente a esos hombres no me afectó tanto como estar bajo la mirada de ese en específico.

Una vez más su nombre suena en mi cerebro logrando tensar mi cuerpo repentinamente.

Maximilian.

Aprieto mi mandíbula incómoda por recordarlo otra vez.

La historia de Christel aunque extraña puede considerarse romántica pero a mí no se me hace nada romántico enamorarme de algún hombre este lugar.

De sólo pensarlo me estremezco.

Quiero irme de aquí cuanto antes.

Quiero hacer mis sueños realidad y esos no voy a hacerlos aquí.

Termino de lavarme cerrando la llave para envolverme en la toalla que hay en el baño y salgo a mi habitación para secar mi cuerpo pero justo en ese momento la puerta es abierta encontrándome con un rostro masculino que recorre mi cuerpo ahora expuesto frente a él.

Ni siquiera lo pensé ni un segundo y grité horrorizada cubriéndome enseguida con la toalla otra vez.

—No, no, no... no grites —respondió él pero yo no lo escuché.

El chico entró y cerró la puerta detrás de él alarmado para acercarse a mí y yo comencé a tirarle cosas histérica.

— ¡No te me acerques!

—No grites, no quise asustarte.

Pero si lo haces no me quedará más que callarte.

Esto me hizo abrir los ojos alarmada y antes de que volviera a gritar, él me tapó la boca haciéndome entrar en el baño.

Mi corazón comienza a latir como un loco bajo mi pecho cada vez más nerviosa y asustada de lo que pueda pasarme con este tipo.

—De verdad que no quiero asustarte ni hacerte nada malo pero tengo que estar aquí o van a atraparme —susurró en mi oído mientras que yo seguía balbuceando y removiéndome entre sus brazos asustada de que me hiciera daño.

Mi corazón late desenfrenado.

Tengo tanto miedo de lo que este tipo puede hacerme.

—Por favor, de verdad que no quiero que me atrapen y tu habitación fue la más cercana que vi.

No voy a hacerte daño —recalcó y pude escuchar algo de verdad en su declaración pero aún así no podía dejar de sentir miedo.

De repente escuchamos la puerta de mi habitación abrirse y de inmediato traté de gritar una vez más pero el apretó más fuerte su agarre en mi boca para que yo no lo mordiera mientras me sostenía desde atrás para que no pudiera escapar.

Traté de librarme de su agarre moviéndome con fuerza.

Arañando su brazo sobre mi cintura.

Él gruñó por lo bajo.

—Rebecca ¿Estás ahí? —preguntó la voz de Christel desde afuera y quise gritar pero sólo salió un sonido ahogado.

—Por favor, haré lo que quieras pero no me delates. Por favor... —volvió él a susurrar en mi oído en un tono suplicante que me calmó.

Si quisiera hacerme daño ya lo hubiera hecho ¿Verdad?

¿O estaría esperando que Christel se fuera para lastimarme?

Me tensé una vez más.

—Te quitaré la mano de la boca e inventarás una excusa.

Yo no hice ningún movimiento pero él lo tomó como un sí.

— ¿Rebecca? —me llamó otra vez Christel justo cuando él apartaba su mano de mi boca.

Tenía dos opciones.

Gritar para que lo sacaran de aquí o ayudarlo...

—Estoy bañándome ¿Pasa algo? —le pregunté después de carraspear.

Le eché una mirada fulminante al intruso antes de apartarlo de un golpe de mí.

—Quítate —susurré y él me dejó ir.

—No.

No pasa nada, estaba buscando a alguien pero no está aquí.

De repente me sentí mal de mentirle a Christel.

Ella me ha ayudado mucho y tengo que mentir por este desconocido.

Escucho los pasos de la rubia alejarse y me giro hasta él lista para soltar una retahíla de insultos.

— ¡¿Cómo te atreves?! ¡Lárgate de aquí! —gruñí furiosa pero fue peor cuando caí en cuenta de que aún estaba envuelta en la toalla que a penas me había acomodado tras verlo a él entra en la habitación.

El pareció algo avergonzado pero no me importó.

No confío en él y quiero que se vaya.

—Lo siento pero no tenía opción, de verdad.

—Le mentí a Christel por tu culpa —espeté molesta una vez más acomodando la toalla sobre mi piel.

—Lo lamento mucho, te debo una —de repente me tendió la mano—. Soy Ian.

Yo miré su mano como si tuviera lepra frunciendo el ceño.

—Soy Rebecca ¿Por qué sigues aquí? —le pregunté tras estrechar su mano a regañadientes.

—No puedo irme tan pronto de aquí Rebecca, están buscándome ¿Recuerdas?

—Sí, ¿Por qué? —no dudé en preguntar tensándome de nuevo.

Él también pareció más tenso.

Como si no esperara mi pregunta.

—Porque quieren que haga algo que yo no quiero —se limitó a responderme de forma precisa y yo bufé por lo bajo.

—Está bien misterioso.

Voy a salir porque necesito vestirme.

¡Si te atreves a salir antes de que yo te lo diga llamaré a todos! —le advertí señalándolo y él sonrió de inmediato.

Tiene una preciosa sonrisa pero yo hice como que no la vi o por lo menos no me importó.

Ian alzó las manos en señal de rendición sin perder la sonrisa y asintió.

—Yo soy un caballero.

—Más te vale, por tu propio bien —gruñí una vez más antes de salir del baño para vestirme al fin.

Me coloqué un pantalón largo y una camisa sin sujetador aunque la verdad es que no se notaba.

Tenía que adaptarme a la ropa que había aquí.

—Ya puedes salir —le indiqué y tras unos segundo él salió del baño obedientemente.

Parecía más tranquilo que antes pero eso me provocaba curiosidad.

¿Qué sería lo que alguien lo estaba obligando a hacer que él no quería?

Me crucé de brazo analizándolo.

Su pelo es rubio y corto.

Sus ojos son oscuros a pesar de su tez blanca.

Es alto, delgado.

Pero el aura que lo rodea no es hostil como la que he visto en muchos hombres que trabajan para Răzvan.

Él parece extrañamente alegre.

— ¿Trabajas para Răzvan? —pregunté arqueando una ceja y él me imitó.

—No había escuchado a nadie llamarlo por su nombre verdadero más que a Christel. Aquí todas lo llaman, jefe.

— ¿Es tu jefe? —inquirí gruñendo enseguida.

Detesto que se haga el listo.

—Podría decirse.

—Eres irritante —declaré y su sonrisa se expandió mucho más por su rostro.

—Suelen decírmelo.

—Supongo que las señoritas que visitas colándote en sus habitaciones.

—No suelo colarme en ninguna habitación, cuando lo hago es porque soy invitado. Creémelo.

Si entré aquí fue por un momento.

Necesitaba un escape.

Lo siento mucho.

—Ya deja de decir que lo sientes.

Puedes tomar tu chulería e irte.

Comienza a dolerme la cabeza.

—Esa es la excusa más típica de las mujeres.

Yo gruñí fulminándolo con la mirada aunque la comisura de mis labios comenzaran a arquearse hacia arriba molestándome mucho más por eso.

— ¿Tienes un doctorado en mujeres, rompecorazones?

—Usualmente los corazones que quiero no me quieren así que podría decirse que no.

—Basta de habladurías.

Será mejor que te vayas.

—Gracias por ayudarme.

No me olvidaré de esto.

Si te preguntan por mí nunca me has visto.

Asentí lentamente y él abrió la puerta chequeando primero si no habían muros en la costa.

Después de dar una sonrisa en mi dirección desapareció cerrando la puerta detrás de él mientras yo dejé salir un suspiro de mis labios y me acosté sobre mi cama relajándome al fin.

O al menos eso esperé.

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