Me encontraba sentada en una cómoda silla en la pequeña sala de espera, jugueteando nerviosamente con mis manos. El ambiente tranquilo y sereno del lugar parecía chocar abiertamente con la tormenta que se desataba dentro de mí. Hoy era el día en que debía reunirme con el psicólogo y confesarle la verdad que había estado ocultando durante todos estos dias.
Pasaron apenas unos minutos antes de que el psicólogo, el Dr. López, me llamara a su oficina. Caminé con paso inseguro y, tragando en seco, abrí la puerta. La habitación estaba iluminada por una tenue luz y todo estaba dispuesto de manera impecable, tal como me lo imaginaba. Sentí un...