Max.
Habían pasado varios días desde que Rosalía y yo nos reencontramos en aquella celda, había prometido escucharla pero seguía sin entender por qué me había abandonado en aquel momento tan difícil de mi vida, tan solo era un pequeño niño. Ya no podía esperar más, necesitaba respuestas y me armé de valor para confrontarla.
Maritza se encontraba en la consulta con su psicólogo, le había sugerido buscar ayuda, no era fácil todo lo que su mente estaba viviendo, nunca fue una mujer agresiva, no pensé que proponerle ese contrato de matrimonio la haría sufrir tanto, pero me había enamorado de ella profundamente, ella era buena en mi vida, hacia...