El camino de regreso hacia la habitación se me hizo eterno. Sentía un nudo en el estómago y las lágrimas rodaban por mis mejillas. No podía creer lo que acababa de suceder. No podía evitar sentirme traicionada y engañada.
Cuando finalmente llegué a la habitación, me dejé caer sobre la cama, abrumada por la tristeza y el dolor. Max intentó acercarse para consolarme, pero lo aparté bruscamente. No quería su consuelo en ese momento, solo quería estar sola con mis pensamientos.
Pasaron las horas y la angustia seguía en mi pecho. No podía quitarme de la cabeza la imagen de mi padre y la sensación de traición que me invadía....