Estaba nerviosa mientras caminábamos hacia el imponente edificio del tribunal. Max tomó mi mano y me dio una sonrisa tranquilizadora. Sabía que ambos estábamos asustados, pero necesitábamos mantener la compostura para enfrentar el juicio.
Desde que toda esta locura comenzo, nuestras vidas habían sido como estar atrapados en un torbellino. Habíamos pasado noches investigando y reuniendo pruebas para demostrar la inocencia de Max, sin demostrar mi culpabilidad y ahora era el momento de presentar nuestro caso frente al juez y al jurado
Al entrar en el edificio, el aire se volvió denso y pesado. Los pasillos estaban llenos de personas con rostros serios y preocupados, cada uno con su propia...