Cuando llegamos a la casa Nicolás estaba rendido, Max m acompañó a la habitación del bebe, entre los dos arreglamos al niño, y lo acostamos.
Me tomo por la cintura mientras me besaba el hombro.
—Te amo Maritza, me diste todo lo que nunca jamas imagine sentir eres la luz de mi vida.
—Max, te he amado siempre, desde la primera vez que pise tu oficina, una pena que no me viste antes—comente sonriendo
—Estaba ocupado buscando la manera de sacar un cuervo de mi oficina—dice riendo, mientras besa mi cuello.
—Si, aja, no creas que te he perdonado eso, te lo tengo anotado en la lista negra, algún dia...