Max
Después de otro agotador día en la oficina, llegué a casa deseando descansar y olvidarme de los problemas laborales. Sin embargo, no podía evitar que mi mente me llevara a un lugar aún más triste, uno que siempre estaba presente desde que Maritza fallecido aquel dia de nuestra boda.
Me encontraba sumido en un abismo de dolor y tristeza desde que perdí a mi amada esposa. Cada día se me hacía más difícil subirme a la montaña rusa emocional en la que me encontraba. Las habitaciones de nuestra casa, antes llenas de vida y alegría, ahora parecían vacías y frías. Mis sábanas y almohadas habían sido testigos mudos de...