¡Rosalia había venido a visitarme al hospital! No podía creerlo, pense que estaría con su hijo, ella estuvo a mi lado en los momentos más difíciles, había venido a verme en medio de mi recuperación. Aunque estuviera débil, mi corazón se llenó de alegría al verla entrar por la puerta de mi habitación daba gracias al cielo por su visita.
—Maritza, querida, ¡qué alegría verte! —exclamó Rosalia, acercándose a mi cama con una sonrisa en su rostro.
—Rosalia, no sabes cuánto significa para mí verte aquí, ¿como esta tu hijo? Perdona mi ingratitud se que debí buscarte pero han pasado demasiadas cosas, igual sabes que Correré con todos los gastos...