Salí de la casa de Rosalía con mi hijo en el auto, todavía aturdido por la impactante revelación que acababa de descubrir. Durante años, creí que mi madre había fallecido, pero ahora me enfrentaba a la realidad de que Rosalía era en realidad mi madre biológica.
Las emociones se agolpaban en mi pecho mientras conducía, tratando de procesar toda la información que acababa de recibir. La sensación de incredulidad y asombro se mezclaba con una profunda tristeza por todos los años perdidos sin conocer a mi verdadera madre.
Miré de reojo a mi hijo en el asiento trasero, ajeno a la tormenta emocional que estaba viviendo en ese momento. Él...