Ya sabía yo, que ellos eran hombres dominantes, pero verlos ahí sentados, exudando su aura y con aspecto de dioses griegos, es bastante diferente. Mi loba y yo lloriqueamos ante la escena, sin embargo, me obligué a permanecer erguida, pues, después de todo, soy la hija de un alfa.
“Hola, Caliana”. Un hombre apuesto de unos veinticinco años se puso de pie y me saludó. Lo reconocí porque había visto algunas de sus fotos en internet, era Jamal, el segundo hermano, representante y cara de la empresa y el beta de la manada. Así, intenté recordar lo que se decía sobre él en un artículo que leí.
Lo tenía, se...