Me despierto en una habitación que no conozco, todo está pintando de blanco y mientras paso mis dedos por las sábanas me doy cuenta de que son de seda. Miro a mi alrededor con una sonrisa suave hasta que recuerdo lo que pasó con Leon y me agarro mi corazón adolorido.
Justo en ese momento, las puertas dobles se abren y entra un hombre imponente con tatuajes que se pueden ver debajo de su camisa blanca. Se sienta a mi costado y me ofrece una sonrisa pacífica.
—Hola, Anaiah.
Me quedo viéndolo con miedo y retrocedo tan rápido que casi me caigo de la cama. El hombre me agarra a...