Punto de vista de Caliana.
Mientras estaba en el jardín disfrutando de la brisa fresca y leyendo el periódico del día, el embriagador aroma de mi compañero, Edward, se apoderó de mí cuando inhalé.
“Soy tu med*cina reconfortante, mira qué tranquila te ves cuando inhalas mi aroma”, comentó sonriendo, y yo puse los ojos en blanco por lo arrogante que era. Extendió su mano hacia mí, la tomé y fuimos caminando hacia las cascadas. No dijimos nada, pero el silencio no nos incomodaba. Cuando pasamos por el lugar donde los vampiros nos atacaron, hice una mueca. Sin embargo, pasamos de largo hasta llegar a las cascadas, donde buscamos un sitio...