Punto de vista de Caliana.
Llegamos a casa alrededor de la medianoche y, como ya estaba algo borracha, mi compañero me llevó a la cama para que descansara.
Le dije balbuceando: “Los ancianos se van mañana, ya no tenemos que dormir en la misma habitación”.
“Te quedarás conmigo”, declaró, y abrió la puerta para acostarme. Luego me desvistió con cuidado hasta que estuve desnuda. Desplegué mis piernas y brazos sobre la cama, y él se inclinó sobre mí y comenzó a besar mis s*nos sensualmente.
“Me gustan tus p*chos”, dijo, al tiempo que mordía con suavidad mi p*zón.
“¿De verdad?”, le pregunté con tono provocativo, y con mis dedos acaricié...