Los siguientes segundos fueron de tensión total. Allí estaban, Samanta, sintiendo que su alma iba a abandonar su cuerpo en cualquier momento, y Dominik, que no podía dejar de mirar a esa mujer.
—¿Disculpe? —Dominik se acercó a ella e intentó tocarla, pero enseguida recordó que en esa cultura estaba prohibido que un hombre tocara a una mujer, así que se contuvo—. Señora. ¿Está bien?
Un hombre apareció de repente y le dijo algo a la mujer.
Samanta agradeció a los dioses la intromisión de Amir, quien le indicó que el evento estaba a punto de comenzar, pues era su excusa perfecta para huir de allí.
Dominik se quedó de...