«¿Qué hace aquí?». La pregunta no dejaba de reproducirse una y otra vez en la cabeza de Samanta. «¿A qué ha venido?».
—¿Estás bien? —la voz de su amiga la sacó de su estado de abstracción.
—Sí —Samanta meneó la cabeza, tratando de aclarar sus pensamientos—. Por favor, ayúdame a ponerme esto de nuevo.
—¿No te da calor debajo de todo eso?
—Sí, pero debo ponérmelo —tomó una bocanada de aire y la soltó de golpe—. Desearía poder salir corriendo de aquí.
—Tengo una idea —dijo Charlotte—. ¿Tienes el discurso allí? —Sam asintió—. Dámelo —le ordenó y Sam la miró confusa—. Y dame esta cosa.