«Deslízalo por debajo de la puerta y lárgate», se repitió por tercera vez. Tomó una gran bocanada de aire y dio dos pasos al frente. «Lárgate de aquí, Carlos», le espetó la voz de su consciencia.
Sabía que su actitud era estúpida. Se valió de una tonta excusa para ir a casa de Samanta. ¿Ir a llevarle su pago de la semana? ¡Samanta lo recogía todos los sábados en la mañana! Así que era innecesaria su presencia allí. Su único objetivo era saber si Sam ya estaba en casa. Si ese era el caso, sólo significaría que la cita fue aburrida y que eso no pasaría de ser un encuentro...