El Cairo, Egipto.
Los días transcurrieron uno tras otro y Samanta parecía haber encontrado la paz que tanto necesitaba. Se refugió por completo en sus libros de historia, entre sus clases de latín y en ese mundo espectacular que le ofrecía un sinfín de oportunidades.
En una semana logró forjar algunas amistades, entre las cuales resaltaba su compañera de cuarto, Charlotte, o como cariñosamente le decía Sam, Charlie. Ambas se llevaban muy bien, partiendo del hecho que Charlotte era parlanchina, alocada y sobretodo muy inteligente en cuanto a lenguas antiguas se refería.
Entre el grupo de amigos también se encontraban Amir y Maher, los hermanos Mobarek. Amir era un chico...