Se sentía muy confundida y la desesperación comenzaba a aparecer dentro de su ser. De pie, en medio de la habitación, observaba como Dominik metía cosas en su maleta y a ella se le partía el corazón al ver a su esposo así, delirando por una mujer que no era ella.
Aháva se encontraba en la entraba de la habitación, sollozando.
—¡Mírate, Dominik! Perdiste la cabeza. Mira a tu hija, está muerta de miedo.
—No estoy loco. Samanta está viva. Yo tampoco lo creía, pero hablé por teléfono con ella y me explicó todo lo que pasó.
—ELLA ESTÁ MUERTA, LA ENTERRAMOS EN EGIPTO, AL IGUAL QUE SU ESPOSO —Dihanna...