Daniel me fulminó con la mirada.
—¿Cómo te atreves a avergonzarme así? —gruñó, casi entre dientes.
—¿Cómo te atreves a agarrarme así? —le respondí con rabia.
—Eloisa, ¿sabías lo que esto puede hacerle a mi reputación? ¿Cómo puedes sugerir que estoy arruinado y que te estoy buscando por tu herencia?
—¿Me equivoqué? —le respondí tajante. Sus ojos cayeron por un momento antes de encontrar los míos de nuevo. Estaba en lo cierto. Salomón y CC tenían razón sobre él. No se podía confiar en él.
—Sí. Mi empresa pudo haber tenido problemas, pero la recuperaré —gruñó, apretando la mandíbula.
—¿Cómo? ¿Con qué dinero, el mío? —levantaré mi rostro, desafiante. No...