No pude decir una palabra cuando sentí una fuerte punzada en mi rostro. Estaba segura de que dejaría una marca. Su asistente soltó un suspiro.
Tragué saliva y le hablé a CC con calma:
—Sé lo que piensas, pero no es verdad.
—Me decepcionas, Eloisa. Pensé que eras mejor que esto. ¿Volviste, tomaste a mi nieto, lo llevaste a comprometerse con ese desecho de hombre, Daniel Garza? —estaba furiosa y no escuchaba ni una palabra de lo que le decía.
—CC, cálmate, por favor —mi voz era suave. Tenía tanto respeto por ella.
—¿Cómo pudiste hacerle esto, Eloisa? —suspiró profundamente, tocándose la cabeza con dolor. Pedí a un sirviente que...