Salomón
Mi mujer entró en la cocina y me abrazó por detrás. Me giré y besé sus suaves labios.
—¿Qué tal tu día?—, pregunté.
—Duro, pero hice lo que pude. Veo que te estás recuperando bien—, me tomó la cara. Fruncí el ceño y abrí la boca para protestar por sus acciones anteriores, pero me interrumpió con un beso.
—Salomón, es nuestra manada. Y quiero participar en ella—, dijo con severidad. Me alegró que quisiera involucrarse más.
—Mis hombres dijeron que les diste órdenes y manejaste la situación como una verdadera jefa, Luna—, sonreí. ed.
Desvió la mirada, tímida. Se acercó a su tía y la besó en la mejilla....