Salomón
Mi corazón estaba pesado al saber que Eloisa estaba saliendo con Daniel. Intenté distraerme con los niños, pero aún así me costaba.
—¡Papá, me encanta mucho tu casa! —dijo Salvador. Sonreí cada vez que me llamaba papá. Nunca se me pasaba.
—Cuando tengas dieciocho, será tuya —le prometí, y él aplaudió.
—¿Oíste eso, Rora? Esta es mi casa.
Mi pequeña princesa frunció el ceño desde mi regazo y me miró con furia.
—¿Por qué él tiene una casa en el cielo y yo no? —dijo, puchereando inocentemente. Le besé la pequeña nariz, la misma que tenía su madre.
—Porque tú tienes un castillo. Eres mi princesa, cariño —le dije,...