Salomón
Estaba cenando con mi abuela. Ella me pidió una audiencia. No, exigió que cenáramos juntos.
—Te ves melancólico, mi nieto. ¿Estás bien? —preguntó con ternura. Le di una pequeña sonrisa y asentí.
—Solo trabajo. —No era eso. Era Eloisa.
Ella quería estar con él. ¿Qué podía hacer más que dejarla ir? Después de la charla que tuvimos en el café, me di cuenta de que no podíamos estar juntos. Las cosas no volverían a ser como eran. Daniel era quien la hacía feliz, no yo, y ella lo amaba. Duele mucho, pero la amo
demasiado para retenerla.
—¿Alguien te está causando problemas? Puedo lidiar con ellos de inmediato y...