HENRY
—En ver… dad, eres tú… —volvió a murmurar y una sonrisa de satisfacción se formó en su tentadora boca.
Sin esperarlo, saltó sobre mí, enrollando sus brazos a mi cuello y sollozando, balbuceando palabras que no comprendía.
Su reacción me desconcertó por entero y hasta me incomodaba porque no quería sucumbir ante sus encantos y sus juegos de manipulación.
No moví ni un dedo. Me quedé inmóvil tratando de controlar a mi cuerpo para no saltar sobre ella y fundirla entre mis brazos. Cuando al fin mermó su llanto, lentamente fue separando su rostro de mi cuello y me vio a los ojos.
—Estás vivo… estás vivo y no...